Exit Imagen & Cultura nº 26, Mayo / Junio 2007
Está claro que Chaucer [ilustración 1], a pesar de no ser un intérprete de música, fue muy sensible al poder y al efecto de ésta. El conjunto de sus obras contiene numerosas referencias musicales y resulta evidente su familiaridad con la música de su época. Difícilmente podría ser de otra manera, ya que la música constituía una parte esencial de la cultura de la nobleza, ya fuera en el seno de las ceremonias o como mero entretenimiento. A un nivel social inferior la música era, asimismo, inseparable de la vida. Para los nobles o cortesanos, componer y cantar canciones (a modo de continuación de las tradiciones de los grandes trovadores y troveros de siglos anteriores) era, en cualquier contexto, un signo de sofisticación personal. En el siglo xiv, sin embargo, esto implicaba normalmente escribir únicamente los versos, o la interpretación tradicional de una sencilla melodía: la composición formal de música por parte de aficionados se convirtió rápidamente en algo excepcional debido al desarrollo de complejos estilos polifónicos en la canción profana, un gran avance musical de la época. En el Libro de la Duquesa, el Caballero Negro, enfermo de amor, se entretenía componiendo canciones lo mejor que podía, y a menudo las cantaba a viva voz, a pesar de carecer de técnica o experiencia. Su primera canción, “Señor, alivia mi corazón”, semeja los titubeos de un aficionado, y el Caballero Negro está en lo cierto al preguntarse si es lo que peor hacía. El hijo del Caballero en el Prólogo de Los cuentos de Canterbury, un apuesto escudero, combinaba sus hazañas de caballería con la composición de canciones, y las justas con las danzas. El uso de la palabra endyte (poner en palabras, escribir) por parte de Chaucer sugiere, sin embargo, que las canciones eran en realidad únicamente textos líricos que recitaba el escudero; sin embargo, estaba cantando o tocando la flauta todo el día. Que cantar y bailar se consideraban importantes habilidades sociales también para las mujeres se muestra en el relato de la Esposa de Bath en los Cuentos de Canterbury, si bien en un nivel social inferior: algunos hombres se casaban con una mujer porque sabía cantar o bailar. La propia Esposa de Bath, en su juventud, podía bailar con la música de una pequeña arpa y cantar como un ruiseñor, especialmente cuando había bebido un poco de vino dulce.
Por Nigel Wilkins. Traducción de Luis Lago
La grabación más vendida en España en diciembre de 1993 fue un álbum de dos discos compactos titulado Canto Gregoriano (EMI Odeon 565217-2), interpretado por los monjes de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos. Uno de los discos, dirigido por Ismael Fernández de la Cuesta, había sido publicado originalmente en 1973, mientras que el segundo, dirigido por Francisco Lara, estaba compuesto por extractos de otros tres aparecidos en 1980, 1981 y 1982. Las cuatro grabaciones fueron editadas en origen por el sello Hispavox, que fue adquirido por EMI hacia 1985. Lo curioso del caso es que cuatro CDs individuales correspondientes a los cuatro LPs originales habían sido publicados aquel mismo año en fechas anteriores por el sello internacional EMI con muy poco eco. Aquel éxito inesperado en el mercado español tuvo como consecuencia su difusión radiofónica en emisoras nada habituadas a ofrecer ni siquiera música clásica, por no hablar del canto llano medieval de la liturgia interpretado al unísono. En consecuencia, la recopilación de Odeon salió rápidamente a la venta en el resto del mundo. Al cabo de tres meses, Angel, el sello de EMI en Estados Unidos, realizó una nueva edición de las piezas de canto gregoriano en un solo disco titulado Chant (555138-2), recopilado de los cuatro discos originales. La selección se presentó sin seguir el orden original, no había pausas entre las pistas, y el folleto no contenía notas explicativas, textos ni traducciones. Sin embargo, en pocos meses se vendieron dos millones de ejemplares del disco, que se situó en el tercer puesto de ventas en EE UU y se mantuvo durante meses en los primeros lugares de la lista.
Por Jerome F. Weber. Traducción de José Luis Gil Aristu
La población gallega está agrupada en casi 3.800 parroquias, entidades de población típicas de Galicia, que tiene su origen en la división administrativa sueva. Pues bien, cada parroquia tiene su fiesta o sus fiestas, especialmente durante los meses de verano, por lo que es fácil imaginar hasta donde puede llegar el número de celebraciones en esta tierra. Además de estas fiestas populares, el folclore gallego, rico y variado en tradiciones y leyendas, ha dado pie a innumerables romerías y festividades religiosas y profanas. Sólo citaremos algunas a modo de ejemplo, que festejan la primavera, las hogueras de San Juan, en el solsticio de verano, o el magosto, cuando se asan las primeras castañas y se degustan los primeros vinos.